Diadème Forever

La diadema es un símbolo ineludible para entender la casa Chaumet. Herencia de un pasado legendario, evoca una Casa asociada desde su creación a los más grandes de este mundo.  Objeto extraordinario, encarna la forma de femineidad por antonomasia para Chaumet, la princesa. No hay embajadora de la Casa que no haya lucido con brillo y estilo este tocado que «atrae la mirada a la parte superior del rostro». Sophie Marceau, Stella Tennant o incluso Caterina Murino nunca han estado más bellas que con sus diademas. Bellas y dignas. La Casa Chaumet, que desde 1780 ha realizado más de 1500 diademas para las monarquías y las grandes familias aristocráticas, no cesa de reinventar el género. Incluso en la actualidad, cada colección de alta joyería es una oportunidad que Chaumet aprovecha para la exaltación de su arte ofreciendo al mundo sus fabulosas joyas tocado. Tanto si tienen la ligereza de un penacho, como el de la colección Dentelle de Givre, de oro blanco y diamantes de formas extraordinariamente excepcionales, o la soberana presencia de una diadema, como la diadema Attrape-moi... si tu m’aimes, de oro blanco y diamantes de talla brillante, estas joyas tocado traslucen la singularidad de la casa Chaumet. Pero el saber hacer creativo de Chaumet, también se puede descubrir en las 700 maquetas de diademas de alpaca que se conservan en la plaza Vendôme. Las creaciones, cada una al gusto de una época, dicen tanto como un análisis histórico sobre sus contemporáneos. Algunas anécdotas: Napoléon, para orgullo de Nitot, fundador de Chaumet, encargaba joyas excepcionales para distinguir a sus familiares con respecto al comien de los mortales. El sentido político de las joyas y el hecho de que evoquen a las que llevaban las emperatrices de la antigüedad explica la importancia de los ornamentos de cabeza: diademas, cintas para el cabello, peinetas y bandas de diseño clásico y majestuoso. Posteriormente, Jean-Baptiste Fossin y Jules Fossin consiguen un gran éxito con sus diademas y cintas para el cabello de estilo naturalista, en forma de guirnaldas y flores, hojas y frutos realzados con topacios y esmeraldas, con movimiento de nudos y cintas. En su casa se cruzan aristócratas, banqueros, príncipes rusos, ricos americanos... En las veladas de baile o de ópera, los cabellos se adornan con flores, plumas de aves del paraíso, palomas, papagayos, mariposas, estrellas, suntuosas espigas de trigo. Prosper Morel, que toma el relevo, crea ajuares de joyas al gusto romántico para la princesa Mathilde y las duquesas de Mouchy, de la Pagerie, de Cambacérès y de Bassano. En los libros de diseños y de encargos, se encuentran los nombres de La Rochefoucauld, Luynes, d’Harcourt, Beaumont, Rotschild... A finales del siglo XIX, Joseph Chaumet, yerno de Prosper Morel, va a conducir la casa hacia nuevas cumbres. Apasionado por las perlas, también sienta cátedra en materia de rubíes y piedras preciosas. Sus creaciones, como las diademas con motivos de hojas de laurel para la duquesa de Doudeauville, de hojas de trébol para la duquesa de Luynes, de cañas para la duquesa de Harcourt, extasían a la aristocracia y le conducen al éxito.
En 1905 Chaumet abre una tienda en Londres, cuyo mejor cliente es el duque de Westminster, y dos años más tarde se instala en el 12 de la plaza Vendôme. Bajo la influencia de Paul Poiret, la moda cambia. Se impone el penacho para llevar con los vestidos rectos. Cuando las mujeres se cortan el cabello, Chaumet inventa las joyas que focalizan la mirada en los ojos. Las líneas son simples, las formas geométricas, las piedras calibradas y los temas de inspiración son extremo Oriente y Egipto. No en vano, acaba de ser descubierta la tumba de Tutankamon. A partir de 1929, Marcel Chaumet concibe joyas tocado con diamantes que representan diferentes papeles. Se dividen en brazalete, collar, broche y pasador para sujetar un velo o adornar el cabello. Con ocasión de la coronación de Jorge V en 1935, todas las damas deseaban diademas. Las que no tenían una, la pidieron prestada. La condesa de Bessborough le prestó la suya, creada por Chaumet, a Rose Kennedy para una recepción en el palacio de Buckingham en 1938 a la que acudió vestida por Molyneux.

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Chaumet